6 de junio de 2026
Cada periodo electoral trae consigo una avalancha de promesas, discursos, campañas y debates. En medio de todo ello, muchas personas terminan preguntándose si realmente su voto puede cambiar algo en su vida cotidiana; y si, aunque no lo parezca o no veamos un impacto individual, el voto influye en las decisiones que afectarán aspectos fundamentales como la calidad de la educación, el acceso a la salud, la inversión en infraestructura, las oportunidades para los jóvenes, la protección de los territorios y la garantía de los derechos fundamentales.
Por esta razón, la participación electoral es una de las formas más importantes de ejercer la ciudadanía. A través del voto, las personas pueden expresar qué tipo de sociedad desean construir y qué prioridades consideran urgentes para su territorio.
Cuando una comunidad comprende sus derechos, también puede identificar con mayor claridad los problemas que la afectan y qué propuestas podrían contribuir a solucionarlos.
Por eso, antes de pensar en candidatos, es importante preguntarnos: ¿qué necesita nuestro territorio? ¿Qué derechos sentimos que están siendo vulnerados? ¿Qué cambios esperamos para nuestras comunidades?
La ciudadanía es quien tiene el poder de tomar las decisiones que definen el rumbo del Estado, como escoger a quienes nos van a representar. (Defensoría del pueblo, 2022)
Además, cuando las comunidades participan activamente en los procesos democráticos, contribuyen al fortalecimiento de la democracia. La abstención prolongada puede generar que las decisiones queden en manos de unos pocos, mientras que una participación amplia y consciente aumenta la representación de las distintas realidades y necesidades presentes en la sociedad.
Votar también es una forma de cuidar el futuro. Las decisiones que se toman hoy tendrán efectos en las próximas generaciones. Por ello, cada elección es una oportunidad para pensar no solo en los problemas inmediatos, sino también en el tipo de territorio que queremos heredar a nuestros niños, niñas y jóvenes.